Se acerca la fecha de celebración del mito de los niños héroes, el 13 de septiembre de 1847, donde, a lo largo de los años se nos ha hecho creer que seis cadetes menores de edad dieron su vida protegiendo el Castillo de Chapultepec de la invasión norteamericana, sus nombres fueron Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Vicente Suárez, Juan Escutia, Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca. Si bien, éstos son a los que se conocen actualmente y se les rinde homenaje año con año. Pero, la verdad no fue así, con el tiempo se ha descubierto con más detalles la profundidad la historia de nuestro país, ahora, se sabe que fueron muchos más soldados los que dieron su vida en aquella heroica pero, fallida batalla. Se dice, que fueron 378 combatientes los que lucharon. Los cadáveres fueron reunidos por el general Scott los norteamericanos son enterrados y los mexicanos quemados, cabe resaltar que no eran tan niños, eran menores de edad. El más joven fue Francisco Márquez, quien fue acribillado por el enemigo. Juan de la Barrera quien ya no era alumno del colegio militar, sino un egresado y tenía el grado de teniente. Agustín Melgar fue encontrado en los dormitorios por los norteamericanos quienes solo lo hirieron en las piernas y murió a los tres días.
Otra de las partes más contadas de la historia, es la que narra la gran hazaña del cadete Juan Escutia en su afán de proteger a la bandera se envolvió y se aventó al vacío para evitar que las tropas enemigas se la quedaran. Sin embargo, lamentablemente tampoco fue así, se ha comprobado que esto no pudo haber sido cierto, Algunas premisas que señalan que Juan Escutia murió en combate y su cadáver fue encontrado junto al de Fernando Montes de Oca, además nadie pudo arrojarse con la bandera debido a la ubicación donde se encontraba el lábaro patrio, de ser cierto, hubiera caído en el patio principal sin posibilidad de caer fuera del recinto y por último nuestra bandera hubiera sido capturada de cualquier manera, tal y como sucedió. Se sabe que fue tomada por los norteamericanos y llevada a Estados Unidos de América y puesta en el colegio de West Point en Nueva York, donde estuvo hasta 1978 y luego devuelta a México durante el gobierno de López Portillo.
La verdadera historia de lo sucedido, refiere a los liberales que buscaban dar patriotismo al pueblo, fue entonces, que el general Joaquín Amaro se encargó de darlo con un acontecimiento memorable. Los historiadores señalan que efectivamente, un capitán tuvo un de acto heroico al salvar la bandera de manos enemigas llamado Margarito Suazo, abanderado de la artillería Mina de la Guardia Nacional de México, en la batalla del Molino del Rey el 8 de septiembre 1847, donde profundamente herido por los cañonazos tomó una bandera se la puso en el pecho, después corrió y trastabilló con ella hasta a la base del Molino del Rey llegando a las líneas mexicanas y dónde ahí murió. La bandera de encuentra exhibida en el Castillo de Chapultepec y aún se pueden notar las manchas de sangre del valiente capitán Suazo. Probablemente, de ahí se inspiraron para contar el mito de Juan Escutia.